martes, 9 de febrero de 2010

Textos argumentativos. Ejercicios

Lo vemos y lo oímos sin cesar en la televisión y en la radio: A opina; B combate su opinión; y
entonces A acusa a B de «intolerante » y apela a su «derecho» a decir lo que quiera y a que su
opinión «se respete». (Sí, estoy seguro de haber explicado esto otra vez, pero en fin...). La gente, en efecto, tiene derecho a decir (más o menos) lo que quiera.
Y eso es todo: ahí se acabó su derecho, no lo tiene a nada más.
Ni siquiera a que se la escuche; menos aún a que su opinión se apruebe; en modo alguno a que se respete; en absoluto a que no se la rebata, contradiga o reproche. Y sin embargo, cada vez es mayor el número de personas que pretenden justamente eso: decir lo que les parezca y que además eso que dicen sea inatacable, indiscutible o inobjetable. La frecuentísima frase «Es una opinión como otra cualquiera, y todas hay que respetarlas» encierra dos falacias.
La primera es que no todas las opiniones son iguales, ni tienen el mismo valor ni el mismo peso. Hay individuos que hablan con conocimiento de causa y otros que no; los hay que razonan bien y otros que no; los hay convincentes y los que no lo son; los hay que
argumentan, sustentan sus pareceres y los hay que no. La segunda es que no todas las opiniones han de ser respetadas, en modo alguno. Lo único que se debe respetar es que cada una sea expresada, sólo eso. Una vez expresadas, todos podemos opinar a nuestra
vez sobre ellas, juzgarlas, considerarlas insensatas o incompetentes, idiotas y hasta criminales (por ejemplo, nadie nos podrá pedir que respetemos la idea de que a los judíos hay que exterminarlos).
Se confunde constantemente el respeto a la expresión de opiniones con el inconcebible respeto a los contenidos de las opiniones.
Y no: los hay despreciables, canallescos, delictivos e imbéciles. La libertad de expresión consiste en que, aun así, pueda exponerlos el que los tenga, y también, desde luego, en que los demás podamos ir contra ellos.
Javier Marías, «De nociones erróneas y groseras costumbres».
El Semanal (14-4-2002)

1. Indica el significado de estas palabras: apelar, rebatir, inobjetable, falacia, pareceres, delictivo.
2. ¿Utiliza el autor expresiones cultas? Pon ejemplos tomados del texto.
3. Di si son verdaderas o falsas estas afirmaciones.
a El autor defiende la libertad de expresión.
b El autor dice que la gente tiene derecho a decir lo que quiera.
c Según Marías, la libertad de expresión consiste en respetar cualquier cosa que diga cualquier persona.
d El autor defiende el derecho a criticar opiniones expresadas por otras personas.
e Según Marías, no todas las opiniones son iguales.
4. ¿En qué frase del texto se recoge la idea general que se quiere transmitir?
5. Resume en cuatro líneas el contenido del texto.
6. ¿Con qué finalidad está escrito el texto de Javier Marías? ¿Qué quiere conseguir con él?
7. ¿Existe en el texto una «presentación» de una cuestión o problema antes de que el autor dé su opinión?
8. ¿Qué tiene más peso en el texto: la presentación o la opinión del autor sobre ese asunto?
9. ¿Pretende el autor hacer pensar al receptor? Explícalo.
10. ¿Utiliza un léxico culto o coloquial? Pon ejemplos.
11. ¿Las oraciones son largas o cortas?
12. ¿El texto está ordenado? ¿Cómo lo consigue el autor? ¿Se utilizan conjunciones, preposiciones, adverbios o locuciones que ayudan a estructurar el texto? ¿Se utilizan otros procedimientos?

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